Cincuenta años de la Carrera de Sociología de la UBA

“…no cabe duda que el ‘pensamiento social’ de América Latina presenta más de un hermoso ejemplo de lo que Mills llama análisis social clásico. La influencia profunda del historicismo y algunas características mismas de la cultura predisponen casi ‘naturalmente’ a la ubicación de los problemas dentro del contexto mayor de la estructura social percibida históricamente…”
Germani, Gino; Prólogo a La imaginación sociológica de Ch. W. Mills, FCE, México, 1961.

“…Pedir a la sociología que sirva para algo es siempre una manera de decirle que sirva al poder. Mientras que su función científica es comprender el mundo social comenzando por los poderes. Operación que no es neutra socialmente y que seguramente cumple una función social. Entre otras razones porque no existe poder que no deba una parte -y no la menor- de su eficacia al desconocimiento de los mecanismos que la fundan”
Bourdieu, Pierre, 1980.

 

¿Cuál es y cuál fue el papel de la sociología en Argentina? Esta es una pregunta que los aniversarios, si no quieren transformarse en rituales burocráticos de cristalización de las tradiciones, deben permitirse formular. Los cincuenta años de la sociología argentina moderna, son cincuenta años marcados profundamente por la fortísima implicación en la vida pública de sus principales referentes intelectuales: diferentes y agresivas marcas de época, son la constante de este complejo camino recorrido.

En el contexto de derrota de los fascismos y de la lucha contra el comunismo que supuso la guerra fría, se crearon en América Latina -promovidas por organismos internacionales, luego de los años cuarentas- instituciones que valorizaban el papel de los científicos sociales en los diagnósticos que posibilitarían el crecimiento, el despegue de los países subdesarrollados. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) será una de las más significativas, luego otros organismos regionales encargados de formar y relacionar los nuevos científicos sociales, además de fundaciones financiadoras de ese nuevo mundo académico. La utilidad de las ciencias sociales en tanto recursos que posibilitarían la puesta en marcha y ejecución de proyectos de desarrollo, parecía ser el fundamento de estos proyectos regionales promovidos por organismos internacionales. La revolución cubana primero, la radicalización del catolicismo latinoamericano luego y, quizás en simultáneo, el aggiornamiento del marxismo en algunos centros culturales mundiales, fueron cambiando los significados políticos de esa intervención de la sociología en la vida pública, aunque se seguiría manteniendo una concepción que la relacionaría con los cambios sociales: primero con el paso del subdesarrollo al desarrollo y muy inmediatamente después con la posibilidad de explicar condiciones que posibilitaran una revolución social.

Como hemos sostenido en otras oportunidades, en la sociología Argentina, o por lo menos en el significativo espacio de la sociología argentina influenciado por la Carrera de Sociología de la UBA, hay, en lo que se puede denominar ampliamente como “los años sesentas”, marcados por la radicalización política, tres momentos que van desde la creación de esa carrera en 1957 hasta la intervención de la universidad a comienzos de la segunda mitad de 1974. El primer momento es el de la afirmación institucional y el de los primeros conflictos entre el fundador Gino Germani y los nuevos. El segundo es el de la extrema radicalización de grupos de los nuevos con significación simbólica al interior del campo, a medida que avanza la segunda mitad de los años sesentas y comienzan los setentas. Y el tercero, es la realización institucional de la politización en la universidad montonera 1973-74. Gino Germani, Juan Carlos Portantiero y Roberto Carri son pensados aquí como los que expresan condensadamente cada uno de estos momentos. Y esos referentes más significativos, además de sus relaciones con el estricto mundo universitario, desde ya politizado, poseían otras que eran redes político-culturales más amplias que podían incluir al grupo para-universitario antiperonista que sobrevivía luego del golpe de estado del año 1955 en lugares institucionales; los espacios culturales del Partido Comunista argentino, de prestigio intelectual hasta los primeros años sesentas; la revista con identidad de nueva izquierda, o alguno de los muy diversos grupos político-culturales del área politizada del mundo cultural.

En el primer momento, el que fue creador de la carrera de Sociología y verdadero agente de modernización académica y cultural, Gino Germani, se proponía analizar desde esta nueva disciplina -que intentaba dejar atrás las reflexiones puramente especulativas sobre la vida social- fenómenos relevantes y conflictivos de la vida pública del país. Germani, sostenido por la impronta valorizadora del conocimiento técnico que acompañaba los planes de desarrollo promovidos a nivel internacional, comenzaba a analizar elementos de la sociedad argentina que explicaran sus imposibilidades para lograr un desarrollo económico, político y social. Para esto se proponía explicar ni más ni menos que el peronismo. El análisis de lo que John W. Cooke había nombrado como “hecho maldito del país burgués” no le impediría fundar una carrera de sociología y un espacio de investigación, y por lo tanto, un pequeño mundo académico dotado de la relativa autonomía. El golpismo triunfante del gobierno militar, en la medida en que había sido acompañado por una intelectualidad heterogénea y prestigiosa que podía imaginarse inscripta en un frente antifascista, debía aceptar esa autonomía. Esta revalorización del mundo cultural y académico autónomo formaba parte del programa de ese dinámico sector cultural que apoyó militantemente la denominada “revolución libertadora”. Lo cierto es que la cuestión abordada posicionaría a Germani, irremediablemente, no como un académico ocupado en cuestiones tecnocráticas, sino como un intelectual con capacidad de intervención en la vida pública. Sostener con los argumentos de la nueva ciencia el carácter no fascista del peronismo o explicar su singularidad por las características de las franjas obreras que habrían sido el apoyo decisivo de ese movimiento derrocado que poseía una creciente productividad política, lo colocaba en el medio de las grandes disputas político-culturales de ese presente. Los muros académicos recién levantados permitían quizás una muy relativa autonomía, que no excluía una fuerte relación con otras zonas del mundo cultural, ya que esos muros se posibilitaban entre otras cosas por el debate entre zonas de ambos espacios. La ciencia desplazaba al ensayismo a la par que influía sobre el mundo de las humanísticas, sobre todo en sus zonas más arcaicas. La sociología era un viento modernizador en el campo cultural y las nuevas generaciones intelectuales comenzaban a mirarla con particular atención.

El fenómeno de radicalización política del mundo universitario y de surgimiento de una nueva izquierda -uno de cuyos rostros, y no el menos significativo, será el peronismo revolucionario- tiene como uno de los múltiples espacios institucionales de constitución al espacio político-cultural universitario en el que la Carrera de Sociología de la UBA ocupa un lugar de privilegio. El campo cultural y el mundo universitario de los primeros años sesentas todavía albergaban en su estructura un espacio relevante que podía llamarse “frente racionalista” y que la izquierda clásica consideraba la alianza anti-peronista con “el humanismo burgués”. La reflexión sobre lo social en ese contexto, hasta el arribo de la nueva sociología, recurría a un escritor como Ezequiel Martínez Estrada, citado sin demasiadas tensiones por la revista Sur de Victoria Ocampo y Cuadernos de Cultura, el órgano cultural oficial del PCA. Los mencionados cambios político culturales, como la revolución cubana, el diálogo católicos marxistas, las luchas de liberación de pueblos del tercer mundo, más el prestigio que adquiría el marxismo complejizado en el mundo europeo -que se relacionará cada vez más con la sociología universitaria-, producirán cambios en esa zona del campo cultural.

El peronismo primero, la revolución cubana, luego, la radicalización del cristianismo latinoamericano y del mundo universitario, la preocupación por explicar el terrorismo de estado, la apuesta de refundar un orden democrático y por último la participación de los tecnócratas en la transformación neoconservadora, posicionan a la sociología argentina, si se quiere a sus zonas más dinámicas, en una permanente tensión con el mundo político.

Esta tensión, que forma parte de la identidad de la sociología desde su nacimiento, como parte constitutiva de su origen, de su pasado, no es ni podría ser ajena al presente, y representa una de sus mejores tradiciones que tenemos que reivindicar de cara a la necesidad de reflexionar sobre nuestra sociedad para poder comprenderla y contribuir a transformarla.

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